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En 2023, el comercio de bienes y servicios oceánicos alcanzó niveles récord de 899.000 millones de dólares y 1,3 billones de dólares, respectivamente, destacando la creciente importancia de las actividades marinas para los países costeros e insulares. Hoy en día, la pesca sustenta a 600 millones de personas, la mayoría en países en desarrollo.
Cabe destacar que el comercio Sur-Sur está creciendo rápidamente. Entre 2021 y 2023, las exportaciones de pescado (sin procesar) aumentaron un 43 % hasta alcanzar los 19.000 millones de dólares, mientras que las exportaciones de pescado procesado se dispararon un 89 % hasta los 23.000 millones de dólares.
A pesar de este crecimiento, el océano sigue siendo en gran parte inexplorado, con hasta dos tercios de las especies marinas aún sin identificar, lo que representa un enorme potencial. El mercado de la biotecnología marina, valorado en 4.200 millones de dólares en 2023, podría alcanzar los 6.400 millones de dólares en 2025, impulsado por alimentos marinos bajos en carbono, nuevos antibióticos y materiales de base biológica.
Sin embargo, el cambio climático, la contaminación, la sobrepesca, las brechas regulatorias y la falta de inversión ponen en riesgo el futuro del sector. A pesar de su importancia, la economía oceánica sigue estando gravemente subfinanciada. En 2022, la financiación global relacionada con los océanos fue inferior a 3.000 millones de dólares, una fracción de lo necesario.
Lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14 (vida submarina) requiere 175.000 millones de dólares anuales, pero solo se han desembolsado 30.000 millones de dólares desde 2010, lo que lo convierte en el objetivo más subfinanciado.
Mientras tanto, la industria pesquera mundial recibe aproximadamente 22.000 millones de dólares en subsidios perjudiciales, fomentando la sobrepesca. Redirigir estos fondos y ampliar los mecanismos de financiamiento mixto podría ayudar a cerrar la brecha.
La economía oceánica está en un punto de inflexión. Para garantizar su crecimiento sostenible e inclusivo, se requieren urgentemente cinco acciones:
Incluir los sectores oceánicos en los planes climáticos y de biodiversidad nacionales para acelerar la adaptación y fortalecer la resiliencia.
Finalizar el tratado jurídicamente vinculante sobre contaminación plástica para reducir los residuos y fomentar el uso de materiales marinos.
Eliminar las barreras comerciales para impulsar el comercio Sur-Sur en pesca y acuicultura.
Ampliar la recopilación de datos sobre emisiones, comercio e inversión relacionadas con los océanos.
Eliminar los subsidios perjudiciales y aumentar la financiación, movilizando recursos públicos y privados.